Clasificación de las Plantas

Organización general del reino vegetal

Con el paso del tiempo los seres humanos hemos optado por nombrar plantas y animales con nombres populares propios de cada región.
Al ser muchos los organismos estudiados era evidente que se tenía que utilizar un mecanismo universal.

La solución vino del sueco Carl Von Linné en el siglo XVIII, quien ideó un sistema de nomenclatura binomial, que se sigue utilizando actualmente. Consiste en asignar a cada especie dos nombres en latín, el primero corresponde al género y se escribe con mayúscula; el segundo a la especie y se escribe con minúscula. Ambas palabras se deben escribir subrayadas o en letra cursiva. A dicho binomio, que constituye el nombre científico de una especie, se suele añadir, según el tipo de estudio, el nombre de la "autoridad" o científico que lo describió por primera vez y el año en que lo hizo Así, por ejemplo, el castaño común es Castanea sativa Miller (1768).

De esta forma, los seres vivos se clasifican en “grupos” (categorías taxonómicas), que son las representadas en el esquema. Como muestra la imagen, los grupos abarcan menos cuanto más abajo están, de forma que el dominio hace referencia a muchísimos organismos y la especie solo hace referencia a un determinado organismo. También sucede que dentro las categorías taxonómicas hay supergrupos y subgrupos, como pueden ser, el superorden y el suborden.

El Reino vegetal agrupa a unas 260.000 especies, agrupadas de la siguiente manera: 










LAS PLANTAS PROTOCORMÓFITAS (BRIOFITOS)

Los protocormófitos son plantas no vasculares (briofitos), carentes de vasos conductores de savia, con una organización intermedia entre las talofitas y las cormofitas. Son plantas criptógamas, es decir, carentes de flores.

Se caracterizan por poseer clorofila y por su alternancia de generaciones, en la que las dos fases (gametófito y esporófito) permanecen íntimamente unidas. Se las conoce también por el nombre de muscíneas y agrupa a las hepáticas y a los musgos.



Los musgos son plantas no vasculares (briofitos), con características protocormófitas (intermedias entre talófitos y cormofitos).

LAS PLANTAS CORMOFITAS

Para muchos autores las plantas cormofitas y protocormófitas constituyen el verdadero Reino Vegetal (se excluyen de él a determinadas talófitas, como las algas). Se trata de organismos pluricelulares adaptados a la vida terrestre desde el Devónico, muchos de los cuales todavía mantienen su ciclo vital en el medio acuático. Todas las plantas vasculares excepto los licopodios derivan de Rhynia.

El término cormofito se utiliza para referirse a vegetales pluricelulares altamente diferenciados. Sus células están agrupadas en tejidos. El cormo se refiere a un nivel de organización que presenta raíz, tallo y hojas, en los cuales está diferenciado su cuerpo vegetativo. Son los vegetales superiores, adaptados a la vida terrestre.

Las cormofitas son plantas vasculares, traqueofitos o rizofitas, que se independizaron del medio acuático hace más de cuatrocientos millones de años, derivando de sus antepasados las algas verdes.
En su adaptación al medio terrestre sufrieron importantes trasformaciones estructurales, tales como el desarrollo de raíces que les permitieron fijarse al suelo, y tallo para sustentar las hojas y los órganos reproductores, el cual está dotado además de un sistema de tejidos conductores de la savia para transportar y sintetizar los nutrientes (xilema y floema). 

Actualmente el grupo dominante y más perfeccionado es el de los Espermatófitos (con semillas). 

Las plantas vasculares pueden presentar diversas formas biológicas, con modos de vida acuáticos (de agua dulce o marina) y terrestres, y con estructura desde herbácea a leñosa, perennes o anuales.


PTERIDÓFITOS (HELECHOS)

Las primeras plantas con raíz, tallo y hojas son los Pteridófitos o helechos, aunque carecen de flores y frutos. Son abundantes en lugares sombríos y húmedos, en los bosques o márgenes de cursos de agua, ya que los gametos masculinos tienen que desplazarse nadando hasta los gametos femeninos. Esto se debe a que, como sucede en los musgos, no tienen flores y, por lo tanto, no pueden producir semillas.
Gracias a poseer tejido conductor pueden distribuir eficazmente por toda la planta el agua que absorben del suelo. Debido a esto, pueden llegar a alturas de 1 o 2 metros en países templados, y hasta 16 metros en las selvas tropicales. Como poseen tejido conductor presentan auténticas raíces, auténticos tallos y auténticas hojas. Al igual que los musgos aparecieron por evolución a partir de alguna especie de alga verde.
En épocas de sequía la fronde se seca, mientras que el rizoma se mantiene vivo si en el suelo hay humedad.

Como los musgos, presentan reproducción asexual, a partir del rizoma, y reproducción sexual con alternancia de generaciones.

La forma más grande y más abundante es la que producen las esporas sexuales, es decir el esporófito (que en nuestro país tienen una tamaño de entre 25cm a 2 m de altura) y la forma pequeña y poco abundante es la que forma los gametos, es decir los gametófitos (tienen un tamaño de unos 5 o 6 milímetros).

El esporófito (produce las esporas) posee unas hojas muy grandes denominadas frondes, que salen de un tallo subterráneo horizontal denominado rizoma, del cual surgen numerosas raíces. Los frondes generalmente están muy divididos y en su reverso se encuentran unos puntos amarillentos, los soros, dentro de los cuales están los esporangios que son los órganos dónde se forman las esporas sexuales. A partir de cada una de ellas se puede formar un gametófito con gametos masculinos y femeninos en el interior de protuberancias separadas llamadas prótalos. Si hay suficiente agua en el suelo, los gametos masculinos van nadando y fecundan a los femeninos, así se generan una célula zigoto que empieza a multiplicarse y genera una forma que acabará dando un nuevo esporófito.

ESPERMATÓFITOS

En esta división encontramos plantas bien adaptadas al medio terrestre. En ellas observamos las partes típicas de una planta con estructura tipo cormo, es decir, raíz, tallo y hojas. Sin embargo, su característica más representativa es que poseen flores y forman semillas.

Habitan en los lugares más diversos de la tierra. Las semillas protegen al embrión de la sequía, por lo que son plantas independientes del agua para la reproducción. Las más antiguas son las gimnospermas, y las más evolucionadas son las angiospermas, que a su vez se clasifican en monocotiledóneas y dicotiledóneas.
La diferencia fundamental entre angiospermas y gimnospermas reside en:

 ANGIOSPERMAS: Presentan un ovario que encierra dentro los óvulos que se fecundan gracias a la llegada del grano de polen, formando una semilla encerrada dentro de ese ovario que empieza a transformarse en un fruto.

 GIMNOSPERMAS: Tienen sobre sus brácteas de madera, dispuestas de forma helicoidal sobre un eje, los óvulos desnudos, sin ovario, por lo que tras la fecundación solo se produce la semilla y nunca aparece el fruto.

GIMNOSPERMAS
Los individuos que pertenecen a este grupo son plantas de porte arbóreo, aunque en algún caso se manifiestan con aspecto arbustivo. Sus hojas, en casi todas las especies, son perennes, y según la forma del limbo:

ANGIOSPERMAS
Las Angiospermas son plantas con flor y que forman fruto. Pueden tener un porte herbáceo como el trigo, arbustivo como el rosal o arbóreo como el chopo. Las hojas, generalmente, son pecioladas, aunque su forma y ramificación puede ser muy variada.
Las Angiospermas se dividen en dos subclases, atendiendo al número de cotiledones que aparecen en la semilla:

Dicotiledóneas (2 cotiledones): hojas con nervios ramificados y raíz pivotante.
Monocotiledóneas (1 cotiledón): hojas con nervios paralelos y raíz fasciculada.


Los esquemas y textos utilizados proceden de diversas fuentes de Internet Apuntes de Botánica ESO. Editorial Parramón. 2008 de http://servicios.educarm.es/templates/portal/ficheros/websDinamicas/20/Clasificaci%C3%B3n.pdf J. Jiménez Mateo 

PRIMEROS PHILUMES ANIMALES

Durante 4.000 millones de años, no existió en la Tierra nada vivo más complejo que una simple célula. Luego y sin que se sepa por qué, hace unos 575 millones de años, comenzaron a multiplicarse las formas de vida multicelular. Aquel evento, bautizado como explosión de Avalon, acaeció cuando el planeta había dejado atrás la fase gélida del Periodo Criogénico para entrar en el Ediacárico, que se prolongó desde hace 635 hasta hace 542 millones de años.

De la llamada biota ediacárica o precámbrica, con más de 140 géneros confirmados, hoy continúa sin conocerse demasiado: los científicos no saben con certeza si muchos de aquellos seres eran animales, hongos, algas, líquenes o simples protozoos, ni si dejaron descendientes en el periodo posterior (el Cámbrico) o se extinguieron sin dejar rastro, como un experimento fallido de vida. Un estudio reciente ha demostrado que al menos una de aquellas criaturas era sin ninguna duda un animal, lo que nos acerca un poco más a la enigmática historia de los primeros organismos complejos que habitaron nuestro planeta, de los cuales seleccionamos aquí algunos representantes.

DICKINSONIA

Durante 70 años, los científicos han debatido si la Dickinsonia –un ser plano, ovalado y estriado de hasta casi un metro y medio de largo– era un animal, un liquen o un protozoo gigante; o si pertenecía a otra categoría diferente de la biología, tal vez hoy extinta. El primer fósil se descubrió en 1947 en Australia, convirtiéndose en uno de los organismos más icónicos y mejor estudiados de la biota ediacárica, hasta el punto de que se han identificado varias especies diferentes.


El pasado septiembre, un estudio en la revista Science lograba caracterizar los lípidos fósiles presentes en varios especímenes de Dickinsonia hallados en Rusia, descubriendo que entre ellos abundaba el colesterol, una grasa típicamente animal. Los resultados convierten a esta criatura que vivió hace 558 millones de años en el representante confirmado más antiguo de la fauna terrícola. Los investigadores concluían además que “la biota ediacárica fue de hecho un preludio a la explosión Cámbrica de la vida animal”.   


ASPIDELLA

Cuando en 1868 el geólogo escocés Alexander Murray descubrió en Canadá unos pequeños discos marcados en la roca, poco podía imaginar que estaba abriendo un desconocido capítulo primigenio de la historia de la vida en la Tierra. Sin embargo, la idea propuesta cuatro años después por el paleontólogo Elkanah Billings de que aquellos círculos eran fósiles fue desechada en su día, ya que se encontraban en rocas precámbricas. En su lugar, se propuso que se habían formado por depósitos químicos o burbujas de gas.

El reconocimiento de la existencia de seres macroscópicos antes del Cámbrico aún tendría que esperar casi un siglo. Los discos de Murray, junto con otros en diferentes lugares, se asignaron a la especie Aspidella terranovica, pero este caso ilustra la actual confusión sobre la realidad de la biota ediacárica: fósiles inicialmente identificados como cnidarios (medusas) y clasificados en Aspidella y otros géneros no eran probablemente organismos con forma discoidal, sino huellas de rizoides, pedúnculos por los que se anclan al sustrato diferentes criaturas con aspecto de frondas.

En sentido contrario, también se han encontrado con Aspidella huellas fósiles similares a las que dejan las anémonas, lo que apoyaría su clasificación como cnidarios.

CHARNIA

El lecho marino ediacárico sobre el que se arrastraban las Dickinsonias estaba poblado por una variedad de seres con aspecto de helechos anclados al fondo.

 Uno de aquellos organismos era Charnia, el primer fósil confirmado que procedía de rocas anteriores al periodo Cámbrico, y por tanto el que inauguró formalmente el estudio de la biota ediacárica.

Tras su descubrimiento en Inglaterra en 1958, su apariencia de hojas con ramificaciones alternas —de hasta dos metros— indujo a pensar que se trataba de un alga. Sin embargo, cuando se constató que vivía en aguas demasiado profundas como para realizar la fotosíntesis, se reclasificó como un pennatuláceo, un grupo de animales actuales relacionados con los corales. También esta hipótesis fue refutada y hoy Charnia es aún un misterio. Se ha propuesto su clasificación en un grupo tentativo llamado Vendobionta, un posible reino biológico separado de los actuales que vivió en el Ediacárico y murió con él.


KIMBERELLA


Como Dickinsonia, Kimberella fue probablemente un animal, que habitó los mares terrestres hace 555 millones de años. La simetría bilateral de su cuerpo ha llevado a los científicos a proponer que las especies actuales hemos heredado este plan básico de organización de nuestros lejanos ancestros en la biota ediacárica.

Originalmente descrito en 1966, en un primer momento Kimberella fue identificado como una medusa. Sin embargo, en 1997 estudios más detallados de su estructura y de lo que parecían marcas de una rádula (lengua dentada) han llevado a proponer su clasificación como un molusco antecesor de las actuales babosas marinas, que posiblemente se alimentaba rascando los tapetes microbianos del suelo. 

Los más de 1.000 fósiles encontrados, de hasta 15 centímetros de longitud, han permitido conocer con bastante detalle la anatomía de su cuerpo, posiblemente cubierto por una concha blanda, e incluso han llevado a especular sobre su ecología y costumbres.

ANDIVA


Los ricos conjuntos de fósiles hallados en al menos 25 yacimientos ediacáricos en todo el mundo dibujan un panorama de fondos marinos donde reptaban o se deslizaban diferentes criaturas aplanadas en busca de su sustento. Junto a Dickinsonia, otra de aquellas alfombrillas prehistóricas era Andiva, un organismo de hasta 10 centímetros cuyo cuerpo estaba probablemente cubierto por un fino caparazón blando. El mismo estudio que descubrió la abundancia de colesterol en Dickinsonia no logró resultados tan claros analizando fósiles de Andiva, pero sus características anatómicas sugieren que este contemporáneo de Kimberella era probablemente también un animal.

FUNISIA

Dentro de la variedad de formas de vida del Ediacárico, Funisia representa a los gusanos. La del gusano no es una taxonomía biológica, sino que simplemente describe a un conjunto heterogéneo de animales que tienen en común una forma cilíndrica y un cuerpo blando sin extremidades. Funisia puede haber sido uno de los inventores de esta organización corporal. Descrito en 2008, vivía en colonias donde se sospecha que se reproducía sexualmente, lo que supondría el ejemplo más antiguo de este modo de reproducción en un animal. Aún no se ha determinado claramente su clasificación, aunque se ha propuesto que podía pertenecer al grupo de los poríferos (esponjas) o al de los cnidarios.

Fuentes:https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/biociencias/asi-eran-los-primeros-animales-de-la-tierra/ Javier Yanes 05 noviembre 2018

Comentarios